Hoy no te escribo a ti, hoy decidí escribirle a ella.
A ella, que con su frio me acompaño cuando no estabas,
Que en esas noches en la que me alejaste de tu cuerpo,
Recordaba tus caricias y tus manos recorriendo mi espalda,
Añoraba el calor de tus besos, tus abrazos, tus sonrisas, tus palabras,
Y rogaba al cielo terminara con mi pena y de paso con mi vida.
A ella, que me hacia recordarte cada día un poco mas,
Restregando en mi cara los lugares que juntos compartimos,
Que en forma de burla ponía tu rostro a cada punto que miraba,
Torturándome con las canciones que un día nos dedicamos,
Y peor aun, poniendo en cada esquina el perfume de tu cuerpo.
A ella, que con sus silencios me decía que me amaba,
Aunque muchas veces sentí odiarla, y que me odiaba.
Esos incómodos silencios que nadie aguata y que desesperan,
Que siempre me hacían recordar hasta tus charlas estúpidas,
Y traían a mí, el dulce y chillón sonido de tu ahora lejana voz.
A ella, que saco la peor parte de mí, haciéndome odiarte,
Odiando el amor que me ofreciste y las veces que mentiste,
Que dijiste que me amabas, aun sin el brillo en tu mirada.
Si, ella me llevo a odiarte, a odiarme, a odiarla y amarla,
Ella despertó en mi lo que tu nuca pudiste y es lo que ahora soy.
Decidí escribirle a ella, a ella que es lo único que me queda,
Porque ya ni tu recuerdo me acompaña, me olvido y lo olvide,
Le escribo a ella esperando que un día decida irse como tú lo hiciste,
Le escribo a la soledad que se aferro a mí, y ya no me deja vivir,
Le escribo a mi soledad que me sirvió de muza para olvidarte a ti.
-Betto Kano.

