Hay días en los que llegas a un punto donde lo único que puedes hacer, y lo que debes hacer es re-direccionar tus metas, tus sueños, tus proyectos, objetivos, ideas, y en fin para resumirlo en una tres palabras Redefinir Tu Vida. A ese punto es al que acabo de llegar, pero para ser sincero tengo que decir que en mi caso no llegue sino que fui llevado a ese punto. A diferencia de muchos que son llevados por un problema, una crisis, una situación difícil, un sentimiento de tristeza o la sensación de que puedes perder una persona, a mí, a mí me llevo una persona.
Para ser honesto, no sé cómo empezar esta historia, así que empezare diciéndoles que “era una tarde nublada, de esas en las que se asoman las ganas de llover”. Pero no sería un comienzo adecuado para una historia como esta, pero así empezare.
Era una tarde nublada, de esas en las que se asoman las ganas de llover, ese tipo de tardes Bogotanas que todos odian, pero que a mí personalmente me encantan mirar tras la ventana de un transmilenio. Y esa era una tarde perfecta para mi, con la diferencia que el estrés laboral y un poco existencial de toda una semana y porque no un mes, un año y una vida dura, caía sobre mis hombros. No era uno de esos días en los que te levantas con toda la energía a sorprender al mundo con una sonrisa, o personalmente para mí no lo era. Desde el principio el día me pintaba gris, tal vez era por esa percepción que tenia sobre este y haciendo un paráfrasis a Paulo Cohelo en su libro El Alquimista “Cuando deseas algo, el universo entero conspira para que sea así.”, no necesariamente tenemos que desear que sea un mal día para que este lo sea, pero esta mas que comprobado que cuando tienes una mala percepción de las cosas que van a pasar, generalmente estas salen mal; y eso era lo que me esperaba a mí a lo largo del día.
Pero volvamos a mi tarde nublada en un transmilenio. Mientras viajaba por la autopista norte, en camino a encontrarme con una persona que hasta el momento me llenaba de expectativas y millones de preguntas, las cuales espero resolver con el tiempo, tal vez expiando en su mirada, hundiéndome en su sonrisa o tratando de no ahogarme en cada una de sus palabras. yo me detenía en lo poética que se veía la ciudad bajo las nubes grises, de esas que las abuelas cuando las miran con ojo entrenado en asuntos del clima y otras cosas, más por experiencia que por cualquier conocimiento adquirido en libros o revistas, pronostican que va a llover. Esta era una de esas tardes que no se pueden pintar en cuadros porque de seguro nadie se detendría admirar el sentido poético que el pintor busca rescatar, pero son de esas tardes que los novelistas y poetas pintan como perfectas para darse un beso con el amor de tu vida o desahogar los sentimientos tristes, mientras las suaves gotas de agua que cae del cielo van bañando lentamente toda culpa, resentimiento, tristeza y dolor, pero que solo son poéticas en los libros o escritos, porque nadie realmente se detiene a apreciar la lluvia, esas pequeñas y frescas gotas de agua con las que Dios en muestra de grandeza envía para decirnos, que el también se siente triste igual que nosotros, que esas gotas son como lagrimas de miles de ángeles que sienten tu tristeza y lloran al no poder verte sonreír. Todo en mi vida gira en torno a la poesía, y era precisamente eso lo que me llevaba a ese lugar, la poesía de aquella mujer que rompiendo todo paramento me cito en un lugar poco casual, esa poesía que esperaba encontrar en cada uno de sus gestos, la poesía más tarde ella revelaría que descubrió de mi, y que fue el factor que la llevo a citarme hay, la poesía que yo creía que en mi había muerto, pero que ella con su mirada había despertado en mi, o por lo menos eso intento creer.
Con cada metro que me acercaba a ella, mi corazón se emocionaba, se estremecía y casi que vibraba, tenia esa horrible sensación en el pecho que hace mucho no sentía, que esperaba no volver a sentir, esa sensación que creía había matado hace mucho, librándome de esa forma de no volver a sentir emoción o sentimiento alguno, pero, es como si algo se empeñara a decirte que no era así, todo en el mundo parecía mandar un mensaje, una señal, de esas que te dicen que estas próximo a descubrir algo que como lo dije al principio, haría redefinir mi vida.
Al fin la ultima parada del transmilenio, por lo menos para mi lo era. Eso representaba que solo estaba a unos pasos, unos pocos segundos de verla por primera vez y yo aun no podía solucionar el conflicto que había en mi pecho, no lograba descifrar porque esa sensación había vuelto a mí. Mientras caminaba, dirigiéndome el lugar en el que acordamos encontrarnos entre mensajes de Twitter, chats de Facebook, y desde hace dos días de WhatsApp, no pude evitar ese miedo que siempre siento cuando voy a conocer alguien nuevo, es como un miedo a ser rechazado o a causar una mala impresión en la persona, es un miedo que se ha llevado grandes oportunidades en mi vida. Empecé a caminar más despacio, tratando tal vez de hacer mi camino mas largo para pensar un poco mas en lo que estaba haciendo, pero no deje de caminar porque sabia que ya estaba próximo a llegar y algo en mi me decía que algo bueno iba a pasar. Hay es donde empiezo a renegar de la lucha que siempre ha existido entre mi razón y emoción, mi positivismo y mi negativismo que muchas veces disfrace de realismo, porque siempre pensaba que todo lo malo que hasta el momento había pasado en mi vida era porque así tenia que ser. Cada paso era una lucha entre devuélvete, al fin y al cabo no se pierde lo que no se ha ganado, y vamos ya estas cerca un paso mas, un paso mas, no se gana lo que no se lucha, ambos son tan ciertos pero tan perjudiciales para mi, que solo intente definirme, resolver el conflicto, callar las mil voces dentro de mi, y como ya nada funcionaba como debería detuve, espere una señal divina que me dijera ¿qué hacer?, ¿qué pensar?, ¿qué sentir? y tratando de mirar al cielo, ese que antes me parecía poético y que ahora empezaba a bañar la ciudad con pequeñas gotas de alegría, de esperanza, de amor y de silencio, fue que me di cuenta que estaba frente a la sonrisa mas hermosa del mundo, sin darme cuenta había llegado a ella, y con la inocencia de alguien que no sabia por lo que había pasado la ultima cuadra, me miro a los ojos y con una voz que jamás podre olvidar me dijo, -“al fin llegaste” no pude hacer mas que sonreír y responder, -“al fin llegue”. El silencio se apodero de la escena, ella me miraba a lo ojos y yo trataba de no perderme en los suyos, la lluvia parecía testigo de algo que hay empezaba, no puedo decirles que fue amor, pero fue tan bueno para mi, que desde ese momento solo escribo a su mirada.
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